Los padres más malos del mundo

Natalia Espinoza, egresada de la Promoción 2025 del Colegio San Agustín Lima, fue seleccionada finalista internacional entre más de 1,845 proyectos de emprendimiento social de todo el mundo. 

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Hola… Conversando con un amigo, me sorprendió de él esta frase: “Yo pensaba haber tenido a los padres más malos del mundo”. Lo conocí, de niño, en el San Agustín y sus papás fueron, para mí, excelentes personas.

Mi amigo me dijo: ‹Hace unos días se me acercó una persona sucia, sin zapatos, con la camisa rota y con un fuerte olor a alcohol, me pidió que, por favor, le diera un sol para comer. Saqué de mi bolsillo cinco soles y me dijo: -Muchas gracias, que Dios se lo pague. Le respondí: -Cuídate. Él no me quitaba la vista de encima y me preguntó: -¿No te acuerdas de mí?, hemos estudiado juntos, soy Pedro; ¿recuerdas que me peleaba con todo el mundo? Lo miré bien y le dije: -Claro que sí, Pedro, cómo no me voy a acordar, si cuando estábamos en primaria, en una oportunidad me defendiste de un grandote que quería pegarme. Pedro me comentó: -En la vida me ha pasado de todo, he estado incluso en la cárcel, he consumido drogas, he robado, he tenido tres hijos que no me quieren; tengo que andar mendigando por las calles, por lo menos para no morirme de hambre. Me abrazó y se fue.

De regreso a mi casa meditaba por qué para ambos, teniendo las mismas oportunidades, han sido diferentes nuestros caminos; llegué a una conclusión, lo que pasa es que “yo pensaba haber tenido a los padres más malos del mundo”, porque mientras Pedro tenía libertad para hacer lo que quisiera en la calle, mis papás me ponían un horario y si las cosas no salían bien, me sancionaban.

Cuando Pedro asistía a clase era porque quería; no obstante, mis padres jamás me permitieron faltar un solo día al colegio. Mientras a Pedro le dejaban comer lo que fuera en la calle, inclusive fumar, tomar y contestar mal a sus mayores, en mi caso aprendí a comer de todo en mi hogar, nada de tomar y fumar, ni de decir palabras indebidas o de ofender. Pensé que mis padres no me querían; sin embargo, hoy le doy gracias a Dios porque me criaron con disciplina y con amor, y todas sus enseñanzas las llevo en mi corazón›.

A veces en el presente de los niños se dibuja la realidad del mañana que surge no de la casualidad, sino del trabajo bien hecho.

“Nunca dejes a Dios fuera de tus proyectos, Él es la clave del éxito”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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