El padre perfecto

Natalia Espinoza, egresada de la Promoción 2025 del Colegio San Agustín Lima, fue seleccionada finalista internacional entre más de 1,845 proyectos de emprendimiento social de todo el mundo. 

Hola… En el taller más extraño y sublime conocido, se reunieron los grandes arquitectos, los afamados carpinteros y los mejores obreros celestiales que debían fabricar al Padre perfecto:

         -Debe ser fuerte, comentó uno. -También debe ser dulce, comentó otro experto. -Debe ser justo en momentos decisivos; alegre y comprensivo en los momentos tiernos. -¿Cómo es posible?, interrogó un obrero, poner tal cantidad de cosas en un solo cuerpo. -Es fácil, contestó el ingeniero, solo tenemos que crear un hombre con la fuerza del hierro y que tenga corazón de caramelo. Todos rieron ante la ocurrencia y se escuchó una voz, era el Maestro, dueño del taller del cielo: -Veo que al fin comienzan, comentó sonriendo. No es fácil la tarea, es cierto, pero no es imposible si ponen interés y amor en ello. Y tomando en sus manos un puño de tierra, comenzó a darle forma. -¿Tierra?, preguntó sonriendo uno de los arquitectos. -Pensé que lo fabricaríamos de mármol o marfil de piedras preciosas; -este material es necesario para que sea humilde, le contestó el Maestro. Y extendió su mano, sacó de las estrellas oro y lo añadió a la masa. -Esto es para que en pruebas brille y se mantenga firme. Agregó a todo aquello, amor, sabiduría y le dio forma, le sopló de su aliento y cobró vida, pero… faltaba algo, pues en su pecho le quedaba un hueco. -¿Y qué pondrás ahí?, preguntó uno de los obreros. Y abriendo su propio pecho, y ante los ojos asombrados de aquellos arquitectos, sacó su corazón y le arrancó un pedazo y lo puso al centro de aquel hueco.

         Dos lágrimas salían de sus ojos mientras volvía a su lugar su corazón ensangrentado. -¿Por qué has hecho tal cosa?, le interrogó un ángel obrero, y aún sangrando le contestó el Maestro: -Esto hará que me busque en momentos de angustia, que sea justo y recto, que perdone y corrija con paciencia, y sobre todo que esté dispuesto aún al sacrificio por los suyos y que dirija a sus hijos con su ejemplo, porque al fin de su largo trabajo, cuando haya terminado su tarea de Padre allí en la tierra, regresará hasta mí. Y satisfecho con su buena labor, yo le daré un lugar aquí en mi reino. Pues yo también soy Padre y por él, por su bien, para otorgarle vida, me arranqué del corazón un pedazo de amor y lo puse en su pecho. Cuando extiendes tus brazos y perdonas, la recompensa es vida, gozo y amor eterno.

“A TODOS LOS PAPÁS: UN FELIZ DÍA”

         Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

         Contáctanos en facebook: Padre Pablo.

 

¿Quieres conocer la propuesta educativa que forma egresados así?